Celdas solares capaces de salir indemnes tras su paso por la lavadora y otras, en este caso de perovskita, que tiran de agua, oxígeno y de la propia exposición a la luz solar para potenciar las virtudes de este material por el que muchos creen que pasará el futuro de la energía solar. Son los últimos avances en una industria que no para y en la que se acaban de dar dos pasos significativos que enlazan agua y energía solar.

El primero de ellos, esas células solares resistentes al agua, surge de un proyecto impulsado desde Japón por la universidad de Tokyo y por el instituto de investigación RIKEN. “Estas Fotovoltaicas orgánicas lavables, ligeras y elásticas pueden abrir una nueva senda para su uso como fuente de energía de largo plazo en wearables”, da pistas sobre el posible impacto de este avance Kenjiro Fukuda, del citado centro.